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diabetes

:: Dieta

Energía:
El total de calorías que se consuma cada día debe ser muy controlado, de manera que garantice mantener un peso adecuado en el paciente. El peso del paciente condiciona la acción de la insulina, los requerimientos de la misma y su control de la glucosa.

Proteínas:
Las proteínas intervienen en el crecimiento y la construcción de tejidos, y forman parte de la estructura celular de nuestro cuerpo. A medida que envejecemos las células van muriendo y necesitan proteínas para ir formando células nuevas que las sustituyan.

El consumo de proteínas debe representar en la dieta entre el 15-20% del total de las calorías diarias, o lo que es muy similar, no más de 1g/kg del peso corporal, la misma referencia en los diabéticos que en las personas que no lo son. Asimismo, en las complicaciones diabéticas puede ser común una disfunción renal, en este caso es importante restringir el consumo de proteínas para no sobrecargar el riñón, ya que después de que las proteínas son utilizadas por el organismo, es el riñón quien se encarga de eliminar las sustancias de deshecho que éstas generan. Con pequeñas diferencias las recomendaciones de la ADA (American Diabetes Association) y las de EASD (European Association For The Study Of Diabetes) sugieren disminuir la ingesta de proteínas a 0,8-1 g/proteína/kg de peso diario.

Las proteínas de origen animal se encuentran en las carnes rojas, las aves, los pescados, la leche, los quesos, la clara de huevo, etc. Pero también las hay de origen vegetal y están en las legumbres, en la soja, en los cereales, etc.

Carbohidratos:
Son la principal fuente de energía proporcionando 4 calorías/g. Ingresan a nuestro organismo en forma de almidones (cereales, legumbres, pan, pastas, arroz, legumbres, patata y vegetales) o azúcares (los dulces, los refrescos, la miel, la mermelada, los pasteles.). Los azúcares se digieren más fácilmente y pasan a la sangre con mayor rapidez. A los almidones, en cambio, les cuesta más tiempo poder digerirse y pasar a la circulación sanguínea, por lo que son más recomendables en la dieta del diabético.

Se recomienda no excederse en el consumo de carbohidratos, almidones y azúcares para evitar incrementos bruscos del azúcar en sangre. Esto no quiere decir que hay que excluirlos de la alimentación del diabético para conseguir las glucemias deseadas, se puede consumir una gran variedad de carbohidratos, dentro de los porcentajes recomendados y de preferencia estos alimentos deben tener una gran cantidad de fibra.

El total de carbohidratos debe representar el 45-60% del total de calorías de la dieta, y la suma de carbohidratos + grasas monoinsaturadas, representa del 60-70% sobre el total calórico diario. Siendo no más del 10% aportado por azúcares simples.

Dentro de este grupo también se incluye la fibra. Ésta no aporta calorías porque resiste a la acción de las enzimas gastrointestinales y no se deja digerir ni absorber. De acuerdo a su composición se identifican dos grupos de fibra: la fibra soluble, que se encuentra sobre todo en las frutas, las verduras, el salvado de avena, cebada y las legumbres; y la fibra insoluble, que se encuentra en la cáscara de las frutas y el salvado o cascarilla de los cereales.

Se conoce que las fibras solubles aumentan su requerimiento en los pacientes diabéticos, dado que retardan la absorción de la glucosa en sangre e incluso del colesterol sanguíneo. Además, son muy útiles en el tratamiento del paciente diabético obeso al provocar un aumento de la saciedad, favoreciendo de esta manera al seguimiento de una dieta baja en calorías.

Se las considera cada vez más importantes en el tratamiento nutricional de la diabetes y de la hipercolesterolemia. Se recomienda un consumo de 25 a 35 gramos de fibra total al día y que al menos de 6 a 9 g sean de fibra soluble. Las últimas recomendaciones de la ADA, indican el parámetro recomendado en un rango de 20-35 g/día entre una mezcla de fibra soluble e insoluble.

Lípidos:
Son los nutrientes que más energía suministran al organismo (9 calorías/g) y se necesitan para favorecer un crecimiento adecuado. Sin embargo, si se consumen demasiadas grasas se aumenta de peso fácilmente y suben los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre.

Los diabéticos presentan un mayor riesgo que las personas no diabéticas, de sufrir anormalidades a causa de las grasas. Por ello es importante considerar:

  • Se recomienda controlar o restringir el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas o colesterol (carnes grasas, caldos, grasa de la leche o lácteos, nata, mantequilla, embutidos, yema de huevo, productos industrializados, etc.). Consumir estas grasas en exceso pueden incrementar los niveles de colesterol o triglicéridos en sangre y se las vincula con un mayor riesgo de padecer enfermedades aterosclerosas como el infarto o las embolias. Los diabéticos tienen mayor riesgo de padecerlas que una persona no diabética.
  • Preferir las grasas monoinsaturadas, al menos al 10% del total de calorías como el aceite de oliva, el aguacate, las aceitunas, los cacahuetes y las nueces, o las grasas poliinsaturadas de los aceites vegetales como el de girasol, maíz, soja o aceite de pescado. Se ha demostrado que la suplementación con ácido graso poliinsaturado omega 3, en pacientes diabéticos Tipo2, ha disminuido las concentraciones de triglicéridos en plasma.

Como en el adulto normal, las principales recomendaciones sugieren que la ingesta diaria de lípidos no sobrepase el 35% de las calorías, distribuyendo no más del 10% al consumo de grasas saturadas, un máximo del 10% al consumo de grasas poliinsaturadas (Omega 6 y Omega 3) y entre el 10-20% restante a las grasas monoinsaturadas. La ingesta de colesterol debe ser menor a 300 ml/día.

Asimismo, en algunos individuos con 100 ml o más de colesterol LDL (Low Density Lipids) es beneficioso ingerir menos del 7% de grasas saturadas y menos de 200 ml de colesterol sobre el total de calorías diarias.

Vitaminas y minerales:
En general, las necesidades de vitaminas y minerales son muy similares en las personas diabéticas y en las que no lo son. Sin embargo se conoce que los antioxidantes, como la vitamina E, la vitamina C y los carotenoides, ayudan a reducir algunas lesiones muy comunes en las complicaciones diabéticas, como son el riesgo a cataratas y las lesiones ateroescleróticas.

Se identifica como fuente principal de estos nutrientes al grupo de las frutas y los vegetales. Los minerales se encuentran también de manera importante en la carne y la leche. Si la alimentación es completa y equilibrada, habitualmente no se requiere una suplementación de los mismos.

Uno de los minerales de mayor importancia para los mayores y sujetos con diabetes es el calcio. Se recomienda una ingesta diaria de 1,000-1,500 mg/calcio para la prevención de la osteoporosis.

Sal:
Es muy importante moderar el consumo de la sal porque el exceso favorece el desarrollo de la hipertensión arterial y la retención de líquidos en las personas predispuestas.

Se debe evitar el consumo de alimentos ricos en sal como: las carnes y pescados ahumados, pescados y mariscos congelados, caldos y extractos de carne, quesos maduros, frutos secos, postres comerciales, aderezos, cualquier alimento enlatado o procesado que utilice la sal como conservador. No utilizar el salero en la mesa y condimentar las comidas con la menor cantidad de sal aceptable. Se recomienda un consumo como máximo de 6 g/día de esta sustancia.

Última actualización: 12/03/2014

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